lunes, 27 de mayo de 2013

Retórica, persuasión y manipulación del lenguaje: a propósito de algunos políticos

En las últimas semanas se ha hablado bastante de los eufemismos que algunos políticos están utilizando para comunicar decisiones o explicar situaciones complejas en su partido o gobierno. La dureza de la crisis económica ha empujado a los políticos a emplearlos de forma abusiva. Por ejemplo, la “devaluación competitiva de los salarios“ que pide el Banco Central Europeo es, sencillamente, una bajada de sueldos. Muchos se han escandalizado -"basta de engaños", gritan-, pero se trata de algo tan antiguo como la retórica...
Paseo por Atxondo. Foto: Rafa Martín Aguado

Hace unos días fui a dar una vuelta al valle de Atxondo con un buen amigo, filógogo clásico, que imparte clases en un máster de comunicación política. Hablamos cómo, desde pequeños nos han enseñado a sumar y restar, algo que entre otras cosas nos permite comprobar si el pescadero nos da bien las vueltas de la compra, o facilita preparar la cartera antes de pasar por la caja del supermercado. Y que, en cambio, apenas nos han enseñado las reglas de la retórica, algo imprescindible para conocer las intenciones de nuestro interlocutor...

La retórica es tan antigua como el lenguaje, pero se ha ido sistematizando paulatinamente. Últimamente se ha revalorizado con la maestría de algunos asesores políticos como Luntz o Lakoff, o con los discursos de Obama, deslumbrantes para la mayoría de las personas. En el fondo, la retórica es un pacto con otra persona, por el que usamos argumentos cuasi lógicos, con los que procuramos mostrar la verosimilitud de nuestros argumentos para persuadirle. Es una técnica o, más bien, un arte.

Estoy convencido de la necesidad de introducir el estudio de la Retórica en los planes educativos por dos razones muy sencillas pero especialmente importantes:

1. "¡Qué bien habla!": muchas personas juzgan por elementos superficiales y no adquieren el sentido crítico necesario para desentrañar su sentido y alcance.

2. "Italianos y argentinos nos engatusan en las conversaciones": las relaciones humanas funcionan bajo las reglas de la retórica, lo sepamos o no. Pero si las conocemos aprenderemos a persuadir mejor (lógicamente con arreglo a la ética). Aprender a construir un discurso, conocer los tipos de argumentos más oportunos según el público y el objetivo que tengas, etc., debería ser básico en la educación de cualquier estudiante.

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